Lo mejor de mi 2025

Lo mejor de mi 2025 no fue solo cumplir un sueño, fue cumplir el sueño de mi mamá

Jessica Southwell

1/2/20262 min read

Cuando éramos chiquitos soñábamos más de lo que podemos recordar a día de hoy.
Queríamos ser profesionales, veterinarios, bailarines, actores. Queríamos viajar mucho, ser ricos, tener una súper moto o un súper auto.
En fin, queríamos ser exitosos en eso que era éxito para nosotros en aquella época.
Yo quise ser tantas cosas como días tenía cada año que iba cumpliendo. Habían dos personas que me apoyaban más fuerte que las demás: mi abuelo y mi mamá.

Mi abuelo tenía la rutina de salir a caminar todas las mañanas. Cuando llovía, trotaba alrededor de la mesa del comedor. Cuando había sol, caminaba por el barrio bien temprano, y muchas veces regresaba con un libro de cuentos para mí.
Yo tenía 3 años, y mi mamá ya me había enseñado a leer y a escribir, entonces por las tardes me sentaba con mi abuelo en el patio de casa y mientras él tomaba mate, yo leía el nuevo libro que me había traído.

Mi abuelo falleció cuando yo tenía 9, nunca había dejado de apoyarme a que aprenda, a que lea, a que investigue, a que le comparta mi “sabiduría”.
Mi mamá, siguió el camino conmigo. Apoyó mis ideas de emprendimientos adolescentes, compartió mi sueño de competir en danza, y me abrió las alas cuando decidí emigrar al extranjero.

Mi mamá nunca se había subido a un avión.
Mi mamá nunca había salido de Argentina.
Mi mamá nunca había disfrutado de unas vacaciones como las de este año.

A un migrante le duelen muchas cosas, pero de las que más le duelen, es de estar viviendo cosas maravillosas y no poder compartirlas con quienes más aman, con quienes le han impulsado a lograr esos sueños logrados.

Este año, pude cambiar eso.
Le regalé a mi mamá su primer viaje en avión, su primera salida de Argentina, y logré celebrar mis 30 compartiendo con mi mamá muchas de las mejores cosas maravillosas que me dio Europa.

El 2025 pude ver a mi mamá disfrutar como una niña, dedicarle mi tiempo y atención como nunca, llevarla a recorrer desde un parque de diversiones hasta las montañas de Andorra.
Le mostré una realidad totalmente diferente a la que conoció toda su vida, y le pude agradecer por todo el esfuerzo que ha hecho a lo largo de su vida, por abrirme las alas, por dejarme volar, por hacerme sentir que nada era imposible y que yo era capaz de lograr lo que me proponía.

Hoy siento que no tengo techo, que voy a seguir creciendo muchísimo porque no solo me motiva cumplir mis sueños, sino también verla a ella, conociendo realidades diferentes, explorando mundo, y aprendiendo de ella misma.