La navidad del emigrante

La navidad es hermosa cuando no falta nadie en la mesa, pero cuando el que falta sos vos y a vos te falta esa "mesa", la navidad se vuelve nostálgica.

Jessica Southwell

1/11/20262 min read

cena de navidad
cena de navidad

Otra cena de Navidad en un nuevo hogar, creado tan lejos del hogar.

La Navidad del emigrante es una cosa difícil de explicar.

Cuando uno viene de países de Latinoamérica, está acostumbrado a que la Navidad sea calor, comida al aire libre, fuegos artificiales a las 00 en punto, el brindis acompañado de un abrazo, los chicos mirando al cielo esperando a Papá Noel, los vecinos saludando, los autos tocando bocina al pasar, la música al máximo en todo el barrio, en toda la ciudad.

La Navidad no es solo Navidad. Es fiesta, amor, diversión, risas, bailar hasta que las piernas nos fallen, abrazar al vecino que cena con la familia en la vereda, celebrar hasta el amanecer mientras contemplamos a los nuestros y agradecer que cada uno siga ocupando su lugar.

En Argentina, por lo menos, nos reunimos todos en la misma casa de siempre, el asado lo hace el mismo de siempre, el ritual es el mismo de siempre. A las 00 tenemos el brindis grupal, seguido por un brindis individual. Uno por uno vamos chocando nuestra copa, seguido de un abrazo cálido y los deseos de una feliz navidad desde el corazón.

Al emigrar, la cosa se vuelve un poco diferente.
La Navidad se vuelve fría. El cielo ya no tiene los colores de los fuegos artificiales, sino el blanco de los copos de nieve (y eso si tenemos suerte). No andan autos en la calle, el vecino no golpea la puerta para saludar ni brindar.

La Navidad se celebra en la casa o habitación del que "puede recibir visitas". No somos siempre los mismos, a veces algunos trabajan, otros prefieren no juntarse, otros eligen viajar ese día.
La comida también cambia. A veces toca comida colombiana, peruana o europea. A veces alguna combinación de ellas.

A las 00hs se brinda, y en año nuevo se comen uvas y se reparten lentejas. Nos abrazamos, como fiel grupo de amigos latinos que no dejan sus raíces ni la calidez de su corazón.
Al instante, se torna momento de videollamadas, cada cual con su familia del otro lado del charco. Saludamos a la familia del otro con la alegría que antes o después le dedicaremos a la nuestra. A veces nos repartimos algún regalo, a veces salimos a bailar, a veces jugamos a juegos de mesa.

Al otro día, nos juntamos de nuevo.
¿A qué?
A hacernos compañía.
Ponemos la excusa del 25 de Navidad, pero en realidad es para sostenernos, para acompañarnos y abrigarnos el corazón.
Hacemos comida rica desde el corazón, jugamos a algo, miramos películas tirados en un sillón y tapaditos con alguna manta. Algunos tomando mate, otros tomando café.
La Navidad es el momento del año que más le duele a un migrante, pero también el que más agradece cuando logra compartirla con su "familia del corazón".

Este post es dedicado a agradecerle a todo aquel que le ha abierto las puertas de su casa y de su corazón a un migrante.
Pero también a todos esos grupos de migrantes que se han vuelto familia a pesar de las diferencias de lenguaje y cultura, de pensamiento y de recursos, de circunstancias y de sueños.
Gracias por abrigarnos, gracias por sostenernos, gracias por ser parte del nuevo hogar que hemos decidido crear.